¿Se acerca el fin del influencer?
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que bastaba con una foto perfecta y un unboxing para dictar lo que estaba «in». Pero si algo me ha quedado claro este año, es que el cansancio digital es real y el modelo, tal como lo conocíamos, está contra las cuerdas. No sé si estemos presenciando el fin del influencer, pero sin duda es una llamada urgente a reinventarlo.
Nos sobresaturamos de contenido. Entrar a redes se convirtió en un bucle infinito donde vemos el mismo formato, los mismos códigos, las mismas promociones camufladas y esas poses milimétricamente aesthetic que terminaron por quitarle el alma y la autenticidad a lo que antes eran espacios de conexión real.
Como periodista, hablo constantemente con amigas, y el sentimiento es unísono: hay una profunda pérdida de confianza. Es difícil no sentir una desconexión total cuando abres una aplicación y te topas con vidas irreales y un lujo inalcanzable, especialmente en un contexto global de crisis económica y salarios estancados.
Ver a alguien posando con un bolso de 3 mil dólares mientras el resto del mundo hace malabares con el costo de vida ya no genera aspiración, genera apatía. Nos cansamos de la publicidad disfrazada de recomendación y de creadores que parecen más comerciales de televisión andantes que personas reales.
La era del «deinfluencing»
Y ojo, que esto no solo lo sentimos los usuarios; las marcas también están despertando. Esas famosas «métricas de vanidad» (los miles de likes y seguidores) ya no convencen a nadie porque, seamos realistas, el alcance de un post no garantiza ventas. Y ese, es el objetivo principal de cualquier marca.

En medio de este cambio de paradigma ha surgido con fuerza el deinfluencing, una contratendencia donde los creadores de contenido ya no te dicen qué comprar, sino qué no comprar. Hartas del discurso aspiracional y de las recomendaciones patrocinadas que se sienten falsas, las audiencias están premiando la HONESTIDAD brutal. Ahora, el nuevo estatus en redes se gana desmitificando productos virales, exponiendo marcas sobrevaloradas y promoviendo un consumo mucho más consciente y realista. El deinfluencing no es solo una moda pasajera; es la prueba reina de que el público ya no busca ídolos a los que imitar, sino voces honestas en las cuales confiar.
El regreso del curador periodístico
Hoy, el verdadero valor no está en quién tiene el megáfono más grande, sino en quién tiene el criterio para filtrar la información y brindar lo mejor a sus lectores (o seguidores). Por eso, más allá del fin del influencer, estamos viviendo el regreso triunfal de la curaduría en cuanto a contenidos. Y es que esto, en el fondo, es un acto de responsabilidad y honestidad. Es dedicar tiempo a investigar, probar y descartar lo efímero para entregarle al lector solo lo que realmente aporta valor.
Hace poco, viendo el panel del Foro Moda & Memoria de Ixel Moda y Código Malva, me topé con una frase de los expertos de la industria que me resonó en el alma: «la memoria de la moda en Colombia necesita criterio, independencia y contexto, no solo alcance». Y ahí está la clave.
En Mundo Glam abrazo esa premisa por completo. No estoy aquí para decirte qué comprar para encajar en un molde perfecto, o que debes empeñar todo tu salario para comprar los productos de moda; sino para darte herramientas que te permitan entender el mundo de las tendencias y acoplarlas a tu estilo. En un mundo saturado de pantallas que quieren influir a toda costa, lo verdaderamente revolucionario es aprender a elegir con criterio propio.
